Después de unos lluviosos meses, el sol va a volver a ser el protagonista en primavera y, sobre todo, en verano. Aunque se merece una calurosa bienvenida, hay que tomar una serie de precauciones con el sol para que sus rayos no hagan daño a la piel.

Ya sea en la ciudad, en la playa o durante una ruta senderista en la montaña, el cuerpo humano queda expuesto a una luz demasiado intensa, por lo que es fundamental protegerse adecuadamente para evitar quemaduras y prevenir el cáncer de piel.

Precauciones para los primeros días del verano

Usar crema protectora no es un tópico. Es importante elegir un factor de protección que se adapte al tipo de piel y a la intensidad de los rayos UVA. Durante los primeros días del verano es imprescindible que se use un factor alto: 25, 30, 35 o incluso 50.

Como la acción de las cremas tiene un tiempo limitado, hay que comprar aquellas que contengan un filtro adicional contra los rayos UVA, que son los que provocan daños a largo plazo, como el envejecimiento prematuro de la piel o cáncer de piel.

Como complemento al protector solar, la ropa también puede proteger la piel. En esta época del año, los pantalones largos y las camisas ofrecen un amparo eficaz contra el sol. Además, si vamos a pasar mucho tiempo expuestos, es recomendable ponerse una gorra o un sombrero la cabeza y, por tanto, la piel del cuero cabelludo.

Otra parte del cuerpo que necesita un especial cuidado ante los rayos son los ojos, ya que hacen muchos daños a las córneas. Hay que tener en cuenta que el área que los rodea es una piel más fina y delicada, por lo que proteger los ojos es fundamental.

Si se ha producido una quemadura, se debe evitar cualquier tipo de contacto con la luz solar hasta que haya sanado completamente. Al mismo tiempo, se aconseja aplicar geles calmantes en las zonas afectadas varias veces al día o beber líquidos en abundancia, en especial agua y zumos mezclados con agua mineral.