Como cada año, seguro que tienes una larga lista de buenas intenciones y propósitos para este 2019. ¿Has incluido en ella el apartado de grandes viajes? Es hora de coger el calendario y empezar a marcar fechas para elegir tu destino favorito para visitar. Aquí te proponemos los cinco mejores elegidos por Lonely Planet para este año.

Sri Lanka, renace como mejor destino viajero

Elegida como destino número 1 por la guía Best in Travel 2019, de Lonely Planet, esta pequeña isla asiática en medio del Océano Índico, posee ocho lugares declarados por la Unesco como Patrimonio Mundial. En sus poco más de 62.000 km2, el país hace gala de una deliciosa mezcla de religiones y culturas, con un rico legado indio, portugués, árabe, malaya y neerlandés, en un marco de naturaleza, flora y fauna que impresiona. Tras años de guerras y desastres naturales, Sri Lanka renace como destino viajero, incorporando a su riqueza original, nuevos atractivos. El surf, es uno de ellos, que invita a practicar el deporte en unas playas, casi desiertas, de arenas blancas y olas con carácters. Pero también atraen los safaris fotográficos, los retiros de yoga o las rutas gastronómicas, con hilo conductor el arroz y el curry. Como acompañante, su gran pasión por el pescado y el marisco (camarones y cangrejos frescos) cocinados de mil maneras. Y que nunca falte el té. Originalmente colonizadas por Gran Bretaña, las tierras altas del país, conocido antiguamente como Ceilán, ofrecen un clima especial, un desnivel perfecto y altura suficiente para el cultivo del té, cuyas plantaciones cubren unos 1.900 km2, que se pueden visitar fácilmente. La mejor época para viajar es abril (cuando se puede disfrutar de su particular Año Nuevo) y de septiembre a noviembre por el buen tiempo.

Alemania, innovación y cultura para celebrar

En 2019, Alemania vestirá todo el año de fiesta, una estupenda excusa para visitarlo. Por un lado, se celebran los 100 años del movimiento artístico modernista de Bauhaus. Fundado en Weimar, en 1919, su máximo exponente fue la creación de su escuela de arquitectura arte y diseño, en Dessau. Unos años más tarde, en 1933, fue clausurada por los nazis. También este año también se cumplen los 30 de la caída del muro de Berlín, así que doble motivo para coger el avión, tren o coche y dejarse caer por las tierras germanas. Hacerlo es sumergirse en paisajes conmovedores, de cultura estimulante, historia imprescindible, palacios románticos, joyas arquitectónicas, castillos medievales y pequeños pueblos tradicionales. Ciudades como Berlín y Hamburgo ofrecen una nutrida agenda cultural y por todas partes, huellas del arte románico, gótico y barroco. Todo este paisaje urbano contrasta con el natural y sinuoso perfil, dibujado por dunas y bosques. La Selva Negra, la Oktoberfest, el Rin, la catedral de Colonia… Todos nombres que han traspasado las fronteras internacionales. En realidad, todo el año es buena época para viajar a Alemania, pero destacan sus campos de flores en primavera y el follaje radiante en otoño.

Zimbaue, naturaleza salvaje en vivo

Si lo que buscas este año es un viaje para sentir y vivir la adrenalina que produce tener tan de cerca la naturaleza, este es tu destino. Pese a su reciente hecatombe política y económica, el país se está recuperando rápidamente y ha recobrado la confianza. De hecho, ya es considerado uno de los más seguros de África. Su historia y su vida actual transcurren en un mosaico de paisajes: rocas, bosques coloridos, pequeñas localidades, montañas exuberantes y ríos que fluyen rabiosamente por el norte. Pero su gran atractivo se enmarca en sus parques nacionales (Mana Pools y Matobo, por ejemplo) con los cinco grandes (como se conoce el quinteto animal africano: león, rinoceronte, leopardo, elefante y búfalo). Pero también las ruinas arqueológicas, montañas boscosas y las imponentes cataratas Victoria, maravilla natural, que se pueden observar desde un mirador, que recorre un km de la parte superior de la garganta. También destaca la Gran Zimbaue, Patrimonio Mundial de la Unesco y la mayor ciudad medieval del África subsahariana, que ha dado su nombre al país. Por último, los parques patrimonios mundiales de la Unesco, cuyo paisaje granítico destaca por su majestuosidad. ¿Cuándo ir? De abril a octubre son los mejores meses, con días soleados, pero mejor de julio a septiembre si lo que quieres es ver fauna salvaje.

Panamá, entre la calma caribeña y la ira del Pacífico

País de cruce e intercambio. Aquí se unen las Américas, en un país que invita, al son de salsa, a disfrutar al aire libre e indoors infinitas posibilidades y contrastes. Destacan sus largas y recónditas playas, bañadas por la tranquilidad del Mar Caribe, por un lado. Pero también, enormes y furiosas olas del océano Pacífico, por el otro. Relajarse, bucear por los arrecifes, navegar a vela o practicar el surf, son los planes que ofrece su costa, a partes iguales. La nota urbana la proporciona su capital, Ciudad de Panamá, cosmopolita, multicultural, con brillantes rascacielos, un casco histórico renovado, un metro recién acabado (el primero de América Central) y la finalización de la inmensa obra de ingeniería que supone el Canal de Panamá. Además, al viajero aguarda una naturaleza con más 220 especies de mamíferos y 978 de aves, lo posiciona a Panamá como uno de los lugares de mayor biodiversidad del mundo. El quetzal, monos aulladores, ballenas y tortugas, junto a las que se puede nadar, son algunos ejemplos. Hacer senderismo es siempre una opción para descubrir su esencia: cascadas, playas vírgenes, grupos indígenas autóctonos… Elegir fecha es difícil porque depende de la zona donde vayas, pero siempre será más amable y menos lluvioso, de diciembre a marzo.

Kirguistán, vida nómada por valles lacustres

Poco conocido, no por ello, menos atractivo. Tras los Juegos Mundiales Nómadas del 2018, dedicada a los deportes regionales centroasiáticos, este país ofrece especial encanto para quienes disfruten de la montaña y el senderismo, y le interesen las culturas tradicionales. Con más de 2.700 kilómetros de rutas señalizadas, cañones escarpados, valles y lagos cristalinos, como el Song-Kul o el Issik-Kul, dibujados entre altos picos, es un paraíso para aventureros, turistas con conciencia ecológica y nómadas en potencia. Destacan, salpicadas en libertad, las pequeñas viviendas étnicas llamadas yurtas, en las que pernoctan locales y viajeros. La gran mayoría de atracciones son rurales y a gran altura, para las que las rutas a caballo son una forma de viajar por el país al aire libre. Por eso, la mejor época para visitarlo es en primavera y verano.