Como cada año, el esperado spot del Gordo de Navidad ha llegado a nuestras pantallas en forma de emoción, magia y ganas de acertar con los números premiados. Con el paso del tiempo los supersticiosos van tomando medidas para asegurarse de que la suerte llamará a su puerta y los niños de San Ildefonso cantarán el número de su boleto. Pues si se deja todo en manos de la estadística, los números son claros: la probabilidad de acertar El Gordo de la Lotería de Navidad es del 0,00001, por lo que sería necesario vivir 100.000 años para garantizar que nos tocara al menos una vez en la vida.

Cada uno atrae a la suerte a su manera

Sin embargo, cada año el premio del sorteo del Gordo hace feliz a alguien con millones de euros, y para atraerlos, muchos llevan a cabo sus peculiares rituales para que la diosa Fortuna esté de su parte. Cada 22 de diciembre son muchos quienes recurren a clásicos de la suerte como restregar el décimo por la tripa de una embarazada, pasarlo por la cabeza de un calvo, quemar billetes de lotería no premiados para que vuelvan en forma de premio o pedir al lotero que coja el décimo con la mano derecha para que el décimo no se contamine de la mala suerte.

También existen aquellos jugadores, a los que les gusta mantenerse fieles al mismo número de lotería, año tras año, por miedo a que toque el año que no lo compren. Otros compran todo décimo que pasa por sus manos, porque piensan que están dejando escapar a la suerte. Incluso, hay quienes acuden a las administraciones de lotería o páginas de Internet, que han entregado grandes premios años anteriores, con la ilusión de contagiarse de esa suerte.

La Lotería de Navidad se ha convertido, en este sentido, en una herramienta de socialización, ya que todo el mundo juega y espera que el otro participe. En ese sentido, quien no compra esos boletos queda fuera de la gran mayoría, y no puede interactuar con los demás compartiendo números, participaciones, etc.